Leí con algún desprecio, debo reconocerlo, la carta enviada por el artista Jorge Torres a su homólogo en calidad de curador, Óscar Salamanca, rogándole que le perdonara su desatino al poner en evidencia el descontento que le embargaba al no ser incluido en los diez del patíbulo regional seleccionados al Salón Nacional de Arte.

La protesta del perdedor hace parte de esos capítulos que quien los sufre, embargado por el dolor y la resistencia suele estar acompañado de todo tipo de reacciones, desde los que descuelgan su obra y la guardan bajo el brazo para salir compulsivamente a gritar a los cuatro vientos su desdicha, hasta los que calladamente aceptan su derrota y ven en esta pérdida una oportunidad para revisar los porqués y las razones que llevaron a su descalificación.

Ahora, para el caso de Torres, leer su carta es todo una puesta en escena que a mi juicio debería ser parte del Salón Nacional, porque con esa prosa llorona , llena de reclamos y mariconadas, es todo un compendio a lo absurdo y recordemos, que de absurdos está lleno el mundo del arte contemporáneo.

Amigo Torres le aconsejo que haga de tripas corazón y retome este texto que enaltece las heredades cervantinas de la buena prosa, lo lleves a donde un impresor digital y hagas un pendón lo más grande posible de manera que nadie pueda decir que no le fue posible leerlo.

Una vez hecha esta tarea, solicitas un revisión curatorial por parte del jurado nacional y estoy convencido de que no solo te darán automática cabida, sino que te brindarán el mejor espacio para ser expuesto como una verdadera muestra del arte contestatario paracreativo (ahora que está tan de moda los "para".

Santander reclama nueva sangre en las letras y en el arte y el señor Torres con su labia secular, sus cartas (que Anais debe estar revolcándose en su tumba al pensar que hay misivas de mayor profundidad erótica y sensual que las suyas escritas a Miller) y en especial sus disculpas previas a cualquier herida incurable en el alma de los malvados curadores que lo sacaron de la baraja, particularmente su amigo Salamanca.

Respaldemos el nuevo arte, hagamos canciones con sus letras, hablemos con Alci Acosta para que lo incluya en su repertorio y de pago, cuadremos anticipadamente con Sayco porque este nuevo cantor de la tierra dará de que hablar cuando de canciones de despecho se trate.

Claro, esta puesta en escena no quedaría completa sin su respectivo canal de desagüe para el montón de lágrimas que habrán de rodar entre los silentes observadores